O sonho de todo escritor, mesmo menino, ou, sobre tudo, menino, é o de escrever. Escrever num jornal. Ter seu próprio jornal. Engatinhando ainda nas ferramentas e no layout dste blog, aqui está a minha tentativa.
quarta-feira, 14 de dezembro de 2011
El Dr. Omar Lazarte presenta libro sobre su trayectoria académica, científica y docente
El 6 de diciembre de 2011, el Dr. Omar Lazarte presentó, en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, el libro de Fabiana Mastrángelo, intitulado "La creatividad y el sentido de la vida - Trayectoria académica, científica y docente del Dr. Omar Lazarte. El acto fue abierto por la vicedecana Alba Ortiz, y contó con la presencia de la autora del libro, Fabiana Mastrángelo; Lola Gómez de Pérez, que fue colaboradora del Dr. Lazarte de muchos años, co-autora con él, del libro "Siempre puedes elegir", y el filósofo Nolberto Espinosa. Estaban entre los asistentes, la hija del Dr. Alberto Culotta, nieta de José Ángel Culotta, citado por el Dr. Lazarte como ejemplo de amistad en el libro; y también el Dr. Benigno Gutiérrez, ex-alumno del Dr. Lazarte.
quinta-feira, 8 de dezembro de 2011
Ubicación
Hay días en que uno como que viene viniendo. Por momentos sientes que estás por llegar, o estás casi ya ocupando tu lugar. Ayer tuve la certeza de que esto estaba ocurriendo. Ví el vaso sobre la mesita de luz, el reflejo de la luz en el vidrio que la cubre, y me quedé quieto, como esperando. Entonces supe que estaba llegando. La vida pasa muy rápido, y cuando ya se ha vivido bastante, hayq que ir procesando los cambios, lo vivido. Es mucha vida, y esta procesamiento va ocurriendo mientras miras una película en la televisión, mientras piensas en el amor de la mujer que te ama, si eres hombre, como el que escribe estas cosas. Y esto justamente es lo que sentía esta tarde al ver Joe Wade, en la televisión. El amor de una muchachita que él encuentra en el camino, y la lleva en el auto. El amor es tan simple, tan profundo. Parece nada o muy poco, y es todo. No sé lo que puedas pensar que es el amor, pero yo te diré que para mí es todo. Al amor es lo que nos muestra lo que somos, lo que es la vida. Es tan entero, nos integra. Hoy me costó como que encajarme en el día. El día ya había empezado, ya había conversado un poco con mi papá, a quien estoy visitando, pero como que el día iba yendo y yo todavía no había llegado, estaba por llegar pero no llegaba del todo. Al ver la película, pensaba en mi esposa, cuánto conocí de mí mismo, de ella y del amor, desde que la conocí. Pensaba en mi más viejo amigo, alguien con quien converso aún en silencio. Muchas veces converso en silencio con este tan grande y antiguo amigo. Y hay cosas de uno que uno sólo las sabe en presencia de un buen amigo, o de la mujer que nos ama. Estas cosas empezaron a venir a mí esta tarde, al ver la película Joe Wade. Hablé con este amigo por teléfono, y supo que yo necesitaba hablar. Hablé con todos mis hijos e hijas, que son cuatro. Y hablé con cada uno de estos seres, como si fueran cuerdas de una guitarra que tocaran dentro mío. Los oigo y me oigo. Y ahora que la tarde ya va llegando al momento en que se empieza a transformar en noche, puedo decir que este día, ocho de diciembre de 2011, ha sido un día de encuentro, un día de llegar, un día de venir. Día de ir de a poco ocupando uno su lugar.
sexta-feira, 2 de dezembro de 2011
Regalos de Mendoza
Oyes el sonido de los pájaros nocturnos, como acunando el día que va a comenzar. En esta hora silenciosa, antiguos sentires se hacen presentes. Memorias pretéritas de tu vida, de tiempos en que el vivir era inexpugnable, inviolable en cualquier sentido, en que la vida corría como corre ahora, silenciosa e indetenible, hacia el presente, hacia la presencia, hacia lo que está aquí. Tiempos en que la vida era como es ahora, presencia. Tu tierra mendocina guarda estos regalos para tí, que fuiste fiel en el amor al lugar donde comenzó tu existencia. Ese anidarte en el lugar otiginal de tu vida, es volver a esa vida intocada que papita coo adormecida en cada ser. Todos pueden volver a ser niños, a volver a la juventud que es un tesoro del alma que no se pierde por nada. Estos días en Mendoza han traído para tí ese tesoro maravilloso, la vida primera, la vida original, el sentir primero. Has sentido los perfumes de tus calles, los cantos del agua en las acequias, los verdes de los árboles, el aire de la montaña que baja impregnado de olores de yuyos, las voces de la gente mendocina, tan peculiares. Te has como que anidado infinitas veces en ese silencio que te acoge, hecho de veredas y plazas, de álamos carolinos y piquillines, recuerdos de idas a la montaña en bicicleta, el club, el parque, el rosedal, los amores iniciales, amigas, amigos, fiestas, luchas, esperanzas, sueños, familia, canción, paz, y, por qué no decirlo, el tiempo de lo innombrable, de lo que no cabe en el juico de ninguna persona humana, el tiempo de la ignominia, la aberración y la mentira, del atropello a todo lo que es noble, generoso, justo, correcto y digno. El estiércol de donde brotaron las flores que ves por todas partes. Mendoza, buen día.
quarta-feira, 16 de novembro de 2011
¿Qué realidad?
Hay unos días en que te levantas y es como si te hubieras quedado en algún lugar del lado de los sueños, o en mundos imaginarios que no consigues evocar con precisión. Tratas de ir creando alguna sensación con el lado de acá, como si poniendo letras y formando palabras y frases, fueras capaz de ir dándole alguna forma a esto que está aquí, a este estar aquí esta mañana. Sabes que son intentos precarios. Todo parece precario esta mañana, como impregnado de alguna fragilidad indefinible, una como que irrealidad imposible de ser definida adecuadamente. La realidad es extraña, y ahora, en este mismo instante en que escribes estas cosas, es como si alguna punta de este mundo, una del lado de allá y otra del lado de acá, empezaran a juntarse, empezaran a querer coser juntas algo en común esta mañana. Los recuerdos de ayer, el fuerte Santa Catarina, aquella pared de piedra bajando, sombreada, hacia el suelo, mientras el sol escaldante de la mañana de ayer, mientras las paredes amuralladas y los cañones, como que evocaran otros tiempos en ti, tiempos que no sabes cómo situar o que lugar tienen en tu memoria o en la memoria de la ciudad. Hoy esa muralla bajando hacia el suelo, con plantas creciendo en las grietas, los cañones apuntando a algún lugar a lo lejos, la ciudad con sus sones de día feriado, todo como que llamándote a un tiempo pretérito o aún por venir, o un tiempo en que el tiempo hubiera refluido sobre sí mismo, el tiempo de esta mañana. Ya vas dejando las teclas, el mágico ritual de ir construyendo hilos de unidad entre las partes que forman el todo. Los sonidos del día de hoy, el recuerdo de ella saliendo a la Universidad en el auto, su rostro, todos sus rostros desde el día que la conociste, sus manos, su modo de ser, ya tan entrañado en el tuyo que parecen ser un solo ser. ¿Y no son? O ¿qué es el amor? ¿No es acaso esta dilución de fronteras, este no saber dónde está el límite tuyo y dónde el de ella, donde termina uno y comienza la otra? ¿Dónde empieza João Pessoa y dónde termina Mendoza? Dónde del dónde. Recuerdas el largo poema de Julio Cortázar, y te preguntas, como tantas veces te has preguntado, dónde va la gente cuando muere. Qué es esto que está aquí, tú y todo esto que te rodea, los sonidos de la construcción vecina, los ladridos del perro de al lado, los recuerdos de ayer en la Cidade Verde, todo esto que está aquí. Aquí pero dónde. Aquí. Parece que algo hubiera quedado inconcluso, pero qué es lo que está concluido, si todo es un ir tejiéndose y destejiéndose tú y todo lo que te rodea. Ya no sabes más qué letra dejar caer, qué palabra ver dibujar delante de ti, en este renglón que parece ir adentrándose del lado de allá de la hoja, una hoja que empieza a querer volar como buscando un lugar en otro lugar, lejos de aquí, o aquí mismo, no lo sabes. Y quién sabe alguna cosa, a no ser nada saber. Quién sabe. Quien sabe calla y quien no sabe habla, dice un libro antiguo. Entonces, dejas la hoja volar.
sábado, 12 de novembro de 2011
Dios es un intento
Dios es un intento. Me gustaria compartir algunas reflexiones sobre esto, pero no desde un punto de vista teológico o intelectual, sino vivencial. Digo que Dios es una tentativa, pues vengo tratando de encontrarlo desde hace años, sea bajo la forma de Jesus, o de la Divina Madre, o aún de Dios padre. Cuando hablo de Dios, me refiero a la trama fina del universo, a lo que constituye la totalidad de la vida, la Unidad de todo lo que existe. No descarto su existencia de otros modos, pues en definitiva considero que Dios en ese sentido, seguirá siendo siempre para mí un misterio, una gran interrogación. Pero cuando me refiero a Dios como la rama profunda y esencial de la vida, de todo lo que existe, de Dios como el encaje perfecto de todas las cosas y personas, de todos los seres y ritmos, de todo lo que existe en todas sus formas y estados, tal vez me esté acercando no ya a una idea, sino a una práctica de Dios, a su vivencia en la vida diaria, en la vida de todos los días, la vida que estoy viviendo. Esta es una sensación que se ha manifestado en mi vida en varias oportunidades, de distintas formas, pero que en los últimos días ha venido como que encajándose en mi percepción y mi vivencia, de una manera más evidente y sensible. Creo que nada ocurre por acaso, que todo está relacionado, y esta comprensión, que por mucho tiempo me atrajo desde un punto de vista racional o intelectual, últimamente se ha ido haciendo evidente por sí misma, en un encaje perfecto de todo lo que me ocurre, todo lo que siento que le ocurre a la gente a mi alrededor, aún a las personas que no conozco. Me gusta compartir esto, que es una vivencia simple pero muy hermosa, con quien pueda leer estas líneas, pues creo que mucha gente se interesa en la vivencia de Dios. No puedo saber si esta vivencia me está siendo dada como una gracia pura, o si ella es consecuencia de acciones u oraciones de parte mía: esto no me cabe juzgar ni tratar de entender. Comencé estas líneas diciendo que Dios es un intento, y me tranquiliza saber que, sea por la gracia o por nuestro esfuerzo personal, es posible alcanzarlo, vivir en su órbita, encajar nuestra vida en su plan. Esto me remite a lecturas y experiencias de mi juventud, especialmente a un librito que hizo mucho por mí, y que volví a leer hace algunos años, y siegue siendo un compañero inseparable. Me refiero a En las horas de meditación, de F. J. Alexander , y a otros dos que me acompañan también desde mis años juveniles: El Evangelio de San Lucas, y La Imitación de Cristo. Me parece que debo dejar por aquí estas reflexiones, esperando que puedan servir a quien las lea, en su propia búsqueda, en su propio intento por vivir Dios, por vivir en Dios, por ser Dios, en el sentido profundo y claro con que me estoy refiriendo a esto aquí, o sea. Vivir en la armonía, en el encaje perfecto de la vida y de todas las cosas, los tiempos y los ritmos.
domingo, 6 de novembro de 2011
Estado literario
Hay días en que estás como que en un estado letárgico, podríamos decir. No es bien la expresión correcta, pero por ahora la vamos a dejar como está. Es como si estuvieras solamente en parte del lado de acá, del lado de la llamada realidad concreta, que de concreta no tiene nada o casi nada. Pues es eso justamente, en esos días, estás más del lado literario de la existencia, del lado de los libros y de las historias que has leído, de los autores cuyos mundos has aprendido a habitar, mundos que te han cautivado, palabras en las que has aprendido a vivir. Esos días y esos momentos, son como que llamados del mundo real en que vives, el mundo fantástico que es, ese sí, verdadero y concreto para ti, el mundo literario. En esas horas, estás no estando del lado de acá, estás en estado literario. Como que el mundo cotidiano se hace casi translúcido, una opacidad lo cubre, lo torna irreal, pero sigues estando aquí, un poco translúcido tú también, como que en alguna de esas páginas que habitas, en algunas de esas historias y casas y paisajes donde has aprendido a vivir. El estado literario es como que una protección, una habitación, un capullo de seda donde te envuelves y permaneces por horas al hilo, días enteros, a veces meses años, tal vez toda tu vida o buena parte de ella hayas estado allí, hayas estado así, en estado literario.
domingo, 30 de outubro de 2011
Livros
Os escritos, a literatura, são um lugar de acolhimento. Tenho dito isto várias vezes, de diversas maneiras, mas não é a pretensão de estar dizendo algo novo o que me move, neste momento, a escrever estas linhas. É mais o desejo de mais uma vez, repetir o mesmo já dito: a literatura, os livros, são portas para mundos que ampliam e acolhem. Um livro à sua frente é uma porta. Uma porta se abre na sua frente, e outra se fecha atrás de você. Muitas vezes necessitamos um refúgio, um refluir, um voltar a lugares de paz, sem conflitos, sem agressões. Pura harmonia. Nessas horas, um bom livro é um companheiro insubstituível. E não me refiro especialmente a livros de reflexões ou interpretações, e sim, mais, à pura literatura, ao puro convite de um escritor, a visitar, a viver no mundo dele, dela. Quantas vezes necessitamos, e com o passar dos anos cada vez mais, nos emparentarmos com o que é essencial, o que não morre, aquilo que permanece a pesar de todas as mudanças. Um livro é um lugar onde você pode estar em boa companhia. Uma história que o leve por outros lugares, que o acolha em outras casas, em outras paisagens e ambientes. Lugares com gente ou solitários, não importa. Flores ou cactus, montanhas ou rios, mares ou céus. Você estará em boa companhia, com um bom livro na sua mão, perto de você.
Assinar:
Postagens (Atom)