terça-feira, 18 de setembro de 2012

Leyendo

Hay veces que uno lee no por querer entender algo, o por querer tener alguna cosa en claro. A veces uno lee (y en mi caso es muy frecuente, aunque no siempre) sin ninguna preocupación por entender lo que está leyendo, casi al contrario, tratando más bien de desentender, no sé si me entendés. O sea, leo porque me gusta dejar que mi mente vague por los lugares adonde el texto la va llevando. No me importa quiénes son los personajes, o qué hacen o dicen, sino más bien que la lectura me vaya apartando de a poco o de a mucho de la llamada realidad cotidiana. No porque ésta tenga algo de malo (lo cual, sin embargo, es bastante frecuente, aunque no siempre), sino porque hace bien despegarse un poco de lo que está aquí, soltarse, dejar de agarrarse tanto a lo que está aquí, así de pronto, en otro momento, no puede volver en puntas de pie, o de otras formas que le parezcan convenientes o apropiadas o interesantes, y llegar y zás, agarrar a la realidad cotidiana de sorpresa como quien dice ahá, ¡te agarré, no me esperabas! Claro que hay algunos autores o autoras, algunos libros, que favorecen este tipo de evasión, este tipo de lectura digamos así, despegada, o despegante. Unos de ellos, son dos de Henry James que estoy leyendo al mismo tiempo. No al mismo tiempo en sentido literal, sino alternadamente: Outra volta do parafuso, y A Fera na Selva. Creo que al propio Henry James tampoco debe haberle preocupado demasiado decir algo con precisión, sino talvez precisamente lo contrario, dejar de tener esa manía de tener las cosas en claro, y disfrutar, simplemente, de dejar la mente vagar, ¿te das cuenta?

sexta-feira, 14 de setembro de 2012

Inclusión literaria

Hay unos días en que la persona está, por así decir, en estado literario. Esto lo he dicho ya varias veces, y lo seguiré diciendo, pues hay varias cosas que se repiten, y así como todo o muchas cosas se repiten, yo también me repito. ¿No te has dado cuenta de lo linda que es la repetición? Esta mañana bien tempranito, cuando todavía era de noche pero ya se notaba que el día estaba por empezar, se escuchó el canto de un pajarito. Ese canto fue la señal inequívoca de que la noche se estaba yendo y el día estaba por empezar. Escribir o hablar, a veces se hacen muy trabajosos, porque uno tiene que ir buscando palabras o expresiones alternativas, para no tener que repetirse. Lo que quería decir, y debo intentar decirlo antes de que ya no sepa más qué es lo que quería decir, es que muchas veces, cada vez más, el mundo literario me viene incluyendo. Inclusive, y esto no es sólo un juego de palabras, en cada pequeña cosa de la vida diaria. Si te vas a dormir, te viene el recuerdo exacto del personaje de No camino de Swann, que estás leyendo ya hace varios días. Y justamente en ese libro, leías el otro día, como ese tal Swann, tan pintorescamente creado o retratado por el autor, tenía una nariz aguileña, y otros trazos que el autor muy bien describe, al punto de él mismo decir (el autor, no Swann), que las personas que encontramos en lo cotidiano, vienen como que a encajarse en la idea que nos hemos hecho de ellas. Esta descripción, en todos mis años de sociología, apenas la encontré de raspón (y muy dificilmente) en alguno de los cientos de libros que tuve que leer para llegar a adquirir el diploma profesional. Y los autores o autoras, siempre hay que agregar, unos y otras, o las otras y los unos, van creando climas y ambientes en loa cuales uno se va incluyendo más y más. De pronto es Lya Luft en las Múltiplas Escolhas, o José Saramago, en El hombre duplicado, Arthur Clarke, en A cidade e as estrelas, o Ray Bradbury, en El vino del estío, que van reponiendo una sensación de normalidad para los mortales, que los intelectuales se empeñan en deshacer. Dice Saramago que aunque nos quejemos de que nos cuesta decidir, lo hacemos a toda hora. Esto lo sabemos, pero nos hace bien que alguien lo diga. Y que ese alguien sea alguien que nos incluye, no que nos viene a criticar o a censurar, o a decirnos: ¡por qué sos tan indeciso o tan indecisa! Recuerdo que Jorge Luis Borges decía que los seres humanos tendemos a contradecir lo que nos quieren imponer. Y es así, de hecho. Julio Cortázar decía que él siempre se había sentido contenido en los libros que leía, y que esto difícilmente le ocurría en el llamado “mundo real.” Estas cosas nos hacen pensar, deben hacernos pensar, en la enorme importancia que tiene la imaginación para la felicidad humana. Mientras los sistemas de creencias y las ideologías, así como un cierto sentido común (no todo, pero hay uno abominablemente reaccionario y cuadrado) nos vienen a querer obligar a creer en cosas que alguien cree que debemos creer, por nuestra parte, podemos y debemos hacer el esfuerzo contrario, de crear mundos y más mundos libres, sueltos, a nuestra propia imagen y semejanza. Mundos plenos, unitivos, justos, bellos y armoniosos, en mi caso. Pues no concibo utopías para el mal, sino solamente para el bien. La literatura nos reconcilia con nuestra humanidad, nos abre espacios donde podemos ser quien somos, y no sentirnos forzados a ser lo que otros piensan que debemos ser. Foto: Ray Bradbury

terça-feira, 11 de setembro de 2012

Meditando

Hay veces en que uno está super enfermo de la cabeza, y se hace el que no sabe por qué. Sabe, siempre sabe, aunque se haga el distraído. No es que haya grandes dramas en tu vida, no, para nada. Al contrario, más bien dirías que está todo bien. Pero de pronto alguna cosita no sale como querrías, y te rayás que no puede ser. Alguien te corta la electricidad de la casa justo cuando estás respondiendo un e-mail y le saltás encima como fiera brava. O bien ponen la TV a todo volúmen en la sala y salís como toro bravo a defender tus derechos. No hay cosas muy endiabladas en tu vida. De mañana, estabas como que en el propio paraíso, el cielo en la tierra. Pero el dia va pasando y te vas rayando. El tránsito, estas enfermedades domésticas. Nada de más, pero en fin, ya no falta mucho para que este día termine. Y mañana tendremos más. Eso es lo que uno espera. No más de lo mismo, o por qué no. Leías un libro hindú sobre los chakras, y la identidad del ser humano con Dios. Dios no hay que buscarlo, pues esto haría pensar que no eres Él, decía el libro. El Reino de Dios. Muy lindo. Va y viene el camino, como dice el I Ching, el libro de las mutaciones. Otra vez la TV en la sala te empieza a irritar. Esas vocecitas de la novela odiosa. Entonces recuerdas el niñito que andaba por debajo de la mesa en la casa de tu amiga. Y el cuadro en la pared. Che, pero por qué no se van a hacer ruido en la loma de los quirquinchos, como decía mamá. Y entonces recuerdas lo que decía Osho: es fácil meditar en el desierto, tratá de meditar en el mercado. U oyendo una novela. Recuerdas el libro de Marcel Proust que estás leyendo, En busca del tiempo perdido: No caminho de Swann. Las primeras memorias. El encuentro con el viejo colega profesor en el sindicato. Los árboles verdes de la Universidad. Los caminos. Las charlas con ella. Ella, Always She. Mejor una familia ruidosa que ninguna familia. Es muy lindo. Más vale. É isto.

domingo, 9 de setembro de 2012

Eternización integradora

De pronto habías ya leído tantas cosas casi desde el propio comienzo de tu vida, habías oído ya tantas historias, como aquellas que tu madre les contaba a ti y a tus hermanos cuando eran chicos. Te habías de tal modo confundido con esos mundos literarios, muchas veces de libros, otras de revistas o aún de diarios, que ya por ahí andas como hoy por los caminos, en medio de un viaje a ver a alguien muy querido, con otro ser muy amado de tu lado, y el paisaje que ves por las ventanas del auto, o adelante tuyo, te recuerdan grabados de Rugendas. Pero no es esto lo que ibas a decir, y sí que de tanto escribir, de tanto leer, de tanto vivir en esos mundos imaginarios o reales, quién sabe si lo imaginario no es real, o si lo real no es imaginado, ya vas andando por lugares que no sabes (ni te importa saber) si estás en una realidad objetiva o subjetiva, o en una realidad unificada, a la que la oración, los golpes de la vida, el amor, los amigos y amigas, la poesía, la militancia, el trabajo, la familia, todo lo que es el vivir, te han ido llevando. Una vida unificadamente literaria. Colectivamente creada y recreada a toda hora. Un tiempo sólido, unificado, material, podríamos decir. Andas por ese mundo, eres ese mundo y hay horas en que tienes certeza de que eso sea la inmortalidad, o un camino a la eternidad, pues el amor es lo que no muere.

sábado, 8 de setembro de 2012

Fuentes

Cristianismo, hinduísmo, espiritismo (de Chico Xavier). Estas son las principales influencias espirituales en mi vida, además de la más poderosa, más antigua, que me fue dada por la vida primera, la vida original, pura, que permanece conmigo desde el origen de mis días, como un entrañable enamoramiento de cada cosa viva, de todo lo bello, todo lo que pulsa, todo lo que existe en el universo. De cada una de estas fuentes he bebido y seguiré bebiendo. Me he socorrido de la fuerza que se esconde en estas creencias, y en todo lo bello que me rodea.

sexta-feira, 7 de setembro de 2012

Recolhimento

Há alguns dias em que a gente se permite um pouco de recolhimento. Ficar um pouco aquém do que poderia se esperar de um desempenho social. Não que possa haver algo de desagradável no contato ou no convívio com as pessoas. Talvez ao contrário. É que, com o decorrer do tempo, a tua vida foi se integrando com tudo o mais, e, nestas horas, é como se necessitasses um pouco mais de escuta interna. Elaborar um pouco mais o que vida vai te oferecendo. O que tens vivido. O caminhado até aqui. Nós podemos ser observadores de nos mesmos, de nos mesmas. E esta fugacidade que é o viver, este estar a toda hora como que numa corda bamba, nessa incerteza acerca de tudo ou quase tudo, como que beirando a eternidade, de repente te traz um pouco mais para cá, para uma quietude envolvente, que abrange e compreende tudo que há, dentro e fora de ti.

quarta-feira, 5 de setembro de 2012

Un sueño

Puede haber un silencio. El día fue pasando, está pasando, y piensas si es el día que pasa, o eres tú quien va pasando. De todos modos, no importa la respuesta, y sí la duda. La vida es tanto, cada día es tanto tiempo, pasan tantas cosas en un día, en la vida, que a veces piensas si serías capaz, si sería posible, enumerarlas todas en un relato, en un libro, una historia. Hoy andabas por la playa, y pensabas que los libros que más admiras, algunos de los libros que más consiguen borrar la distinción entre la supuesta realidad y la ficción, son aquellos en que justamente lo que vas leyendo, es tan esto, tan lo que esta del lado de acá, tan vos mismo o vos misma, que no hay ya más frontera. Desde que la leí por primera vez, no he dejado de pensar en lo que dijo una vez Julio Cortázar: que la literatura disuelve la falsa objetividad creada por la codificación cotidiana y la intelectualidad raciocinante. He pensado muchas veces en esto, y de a poco se ha ido esfumando esa falsa distinción entre realidad y ficción, entre vida cotidiana y vida contada, relatada. De ahí esa especie de sueño, esa especie de utopía que me viene rondando desde hace tiempo. De intentar traer la vida tal como es, con todas sus minucias, con todo detalle y exactitud, al papel, a la narrativa. Un relato que contenga todo lo que uno vio, vivió, oyó, sintió, pensó, creyó, hizo, leyó, escribió, comió, cantó, lloró, rió, oró, trabajó. El libro total y definitivo de tu vida, de mi vida, de la vida. El libro total. El comienzo, el medio y el fin.