Había empezado una libretita nueva, y esto le traía una alegría bárbara, casi infantil. En ella leyó, esta mañana, la anotación de anoche. Triunfos literarios. Libros terminados. Experiencias literarias. Se referían, las dos primeras, a la sensación que se tiene cuando vamos terminando de leer un libro. Sobre todo, si son o fueron libros grandes, como Cien años de soledad, de García Márquez, o Todos los nombres, de José Saramago, que quedaran por bastante tiempo esperando.
Las experiencias literarias, se referían a lo que uno va experimentando mientras lee. En particular, a lo que sintiera ayer al leer alternadamente São Bernando, de Graciliano Ramos, y Caetés, del mismo autor. Eran recuerdos poco evocados, de tiempos juveniles, luchas estudiantiles, mujeres a las que creyera amar en aquellos años. Un poema al que ilustrara. Que hablaba de un niñito dormido en su cunita pobre, cajón de madera, de madera y bolsa, bolsa de arpillera. Lo supo más tarde, su primera cunita había sido un cajón de manzanas que su madre lijara por dentro.
Las memorias de esos tiempos vinieran con vivacidad mientras leía los libros de Graciliano Ramos, disfrutando del arte del escritor alagoano, que relataba, en São Bernardo, los avatares de su tentativa de escribir el libro que narrara su propia historia. Y, en Caetés, los pormenores de su vida en una empresa en la que trabajaba, que le dejaba tiempo para ir escribiendo un romance que contaba la vida de los índios caetés, de los cuales apenas sabía que habían existido, y que comían gente.
Mientras leía estos libros en la sala de su casa, escuchaba de vez en cuando las charlas de la criada que contaba dificultades de su vida diaria, y expresiones de su fe común. Esto último le alegraba, pues reavivaba su propia fe, una fe sencilla, que aprendiera a explorar en profundidad en la lectura de los libros del Padre Comblin, especialmente en Vocação para a liberdade, donde se enfatiza el ser uno mismo la persona que es, como la máxima realización de la libertad de la persona.
Esto le recordaba lo leído días atrás en Valise de Cronopio, de Julio Cortázar, acerca de que el artista se inmortaliza al transformarse en su propia obra. Estas cosas le llenaban el alma de alegría. Venían canciones de los tiempos juveniles, despreocupadas, llenas de esperanza, algunas libres de todo ideologismo, donde se celebra la vida y el amor. Otras, trayendo el eco de los reclamos por justicia, comunes a aquellos tiempos.
Le admiraba cuanto tiempo había pasado. De pronto, se sentía de nuevo como al comenzar aquellas jornadas tan sencillas pero al mismo tiempo tan movilizadas, interna y externamente. Los trabajos con las compañeras y compañeros estudiantes. Los comunicados en las revistas que apoyaban el movimiento de transformación de la carrera de sociología.
Las manifestaciones. La ocupación de la facultad. Todo esto evocado años después, en 2008, al conmemorarse los 40 años de la carrera de sociología en la UNCuyo. Se emocionara, ahora y antes. Qué tiempos, qué jornadas. Qué bueno haberlo vivido, recordarlo, saber que aquello fue muy bueno, positivo, constructivo.
Cómo algunos movimentos sociales tiene gran impacto en la vida de las personas. No buscábamos tomar el poder sino hacer algo por nosotros mismos, por un país más justo, más igualitario, más abierto a las necesidades de las clases populares y los trabajadores. El tiempo pasó, y hoy siguen los reclamos por justicia. La defensa de los indios y las mujeres, la defensa de la vida de los jóvenes que son asesinados en las periferias urbanas.
No podía dejar de emocionarse, otra vez. Parece que nada cambió, pensó. Pero cambió, seguirá cambiando. Ya no vivo en mi cudad natal, esa Mendoza querida a la cual vuelvo siempre que puedo, de una manera o de otra. Pero ahora es esto, ahora esta otra forma de seguir construyendo un mundo mejor. Más justo, sin explotadores ni explotados. Con gente cada vez más sabiendo que puede, que vale, gente que cree en sí misma, que confía en sí misma, que sabe que su vida vale la pena.
Que la vida es un don divino, es un don precioso, y que hay que cuidarla, hay que hacer que sea cada vez más tu propia vida. No la vida que alguien proyectó para vos, sino la vida que vos hiciste por vos mismo, por vos misma, para tu plenitud y para tu felicidad.
Y esto no es el programa de algún partido o alguna iglesia. Es el programa, si así lo podemos llamar, de movimientos sociales que se desparraman por la base de la sociedad, como la Terapia Comunitara Integrativa, que prosigue los trabajos de Paulo Freire y de la Teología de la Liberación en medio de las distintas clases sociales, construyendo el hombre y la mujer nuevos, como ayer, como siempre y para siempre, mientras haya vida, para que haya vida y la haya en abundancia.
Y para no perder el tono con el que comenzaron estas anotaciones: sin perder nunca de vista el poder humanizador del arte, especialmente de la literatura y la poesía, que están al alcance de todos y de todas. Y que nos recuerdan, constantemente, que la belleza es el mejor camino hacia lo eterno. El más directo.
O sonho de todo escritor, mesmo menino, ou, sobre tudo, menino, é o de escrever. Escrever num jornal. Ter seu próprio jornal. Engatinhando ainda nas ferramentas e no layout dste blog, aqui está a minha tentativa.
terça-feira, 7 de maio de 2013
Experiencias literarias
Había empezado una libretita nueva, y esto le traía una alegría bárbara, casi infantil. En ella leyó, esta mañana, la anotación de anoche. Triunfos literarios. Libros terminados. Experiencias literarias. Se referían, las dos primeras, a la sensación que se tiene cuando vamos terminando de leer un libro. Sobre todo, si son o fueron libros grandes, como Cien años de soledad, de García Márquez, o Todos los nombres, de José Saramago, que quedaran por bastante tiempo esperando.
Las experiencias literarias, se referían a lo que uno va experimentando mientras lee. En particular, a lo que sintiera ayer al leer alternadamente São Bernando, de Graciliano Ramos, y Caetés, del mismo autor. Eran recuerdos poco evocados, de tiempos juveniles, luchas estudiantiles, mujeres a las que creyera amar en aquellos años. Un poema al que ilustrara. Que hablaba de un niñito dormido en su cunita pobre, cajón de madera, de madera y bolsa, bolsa de arpillera. Lo supo más tarde, su primera cunita había sido un cajón de manzanas que su madre lijara por dentro.
Las memorias de esos tiempos vinieran con vivacidad mientras leía los libros de Graciliano Ramos, disfrutando del arte del escritor alagoano, que relataba, en São Bernardo, los avatares de su tentativa de escribir el libro que narrara su propia historia. Y, en Caetés, los pormenores de su vida en una empresa en la que trabajaba, que le dejaba tiempo para ir escribiendo un romance que contaba la vida de los índios caetés, de los cuales apenas sabía que habían existido, y que comían gente.
Mientras leía estos libros en la sala de su casa, escuchaba de vez en cuando las charlas de la criada que contaba dificultades de su vida diaria, y expresiones de su fe común. Esto último le alegraba, pues reavivaba su propia fe, una fe sencilla, que aprendiera a explorar en profundidad en la lectura de los libros del Padre Comblin, especialmente en Vocação para a liberdade, donde se enfatiza el ser uno mismo la persona que es, como la máxima realización de la libertad de la persona.
Esto le recordaba lo leído días atrás en Valise de Cronopio, de Julio Cortázar, acerca de que el artista se inmortaliza al transformarse en su propia obra. Estas cosas le llenaban el alma de alegría. Venían canciones de los tiempos juveniles, despreocupadas, llenas de esperanza, algunas libres de todo ideologismo, donde se celebra la vida y el amor. Otras, trayendo el eco de los reclamos por justicia, comunes a aquellos tiempos.
Le admiraba cuanto tiempo había pasado. De pronto, se sentía de nuevo como al comenzar aquellas jornadas tan sencillas pero al mismo tiempo tan movilizadas, interna y externamente. Los trabajos con las compañeras y compañeros estudiantes. Los comunicados en las revistas que apoyaban el movimiento de transformación de la carrera de sociología.
Las manifestaciones. La ocupación de la facultad. Todo esto evocado años después, en 2008, al conmemorarse los 40 años de la carrera de sociología en la UNCuyo. Se emocionara, ahora y antes. Qué tiempos, qué jornadas. Qué bueno haberlo vivido, recordarlo, saber que aquello fue muy bueno, positivo, constructivo.
Cómo algunos movimentos sociales tiene gran impacto en la vida de las personas. No buscábamos tomar el poder sino hacer algo por nosotros mismos, por un país más justo, más igualitario, más abierto a las necesidades de las clases populares y los trabajadores. El tiempo pasó, y hoy siguen los reclamos por justicia. La defensa de los indios y las mujeres, la defensa de la vida de los jóvenes que son asesinados en las periferias urbanas.
No podía dejar de emocionarse, otra vez. Parece que nada cambió, pensó. Pero cambió, seguirá cambiando. Ya no vivo en mi cudad natal, esa Mendoza querida a la cual vuelvo siempre que puedo, de una manera o de otra. Pero ahora es esto, ahora esta otra forma de seguir construyendo un mundo mejor. Más justo, sin explotadores ni explotados. Con gente cada vez más sabiendo que puede, que vale, gente que cree en sí misma, que confía en sí misma, que sabe que su vida vale la pena.
Que la vida es un don divino, es un don precioso, y que hay que cuidarla, hay que hacer que sea cada vez más tu propia vida. No la vida que alguien proyectó para vos, sino la vida que vos hiciste por vos mismo, por vos misma, para tu plenitud y para tu felicidad.
Y esto no es el programa de algún partido o alguna iglesia. Es el programa, si así lo podemos llamar, de movimientos sociales que se desparraman por la base de la sociedad, como la Terapia Comunitara Integrativa, que prosigue los trabajos de Paulo Freire y de la Teología de la Liberación en medio de las distintas clases sociales, construyendo el hombre y la mujer nuevos, como ayer, como siempre y para siempre, mientras haya vida, para que haya vida y la haya en abundancia.
Y para no perder el tono con el que comenzaron estas anotaciones: sin perder nunca de vista el poder humanizador del arte, especialmente de la literatura y la poesía, que están al alcance de todos y de todas. Y que nos recuerdan, constantemente, que la belleza es el mejor camino hacia lo eterno. El más directo.
domingo, 28 de abril de 2013
¿Qué podrías llegar a decir de un día así? Un día que comenzó a todo vapor. Un día en el que parecía que todo sería posible. Un día en que la lluvia. Y los charcos en la calle. Y tú saliendo a caminar por la tarde, viendo los autos pasar y las flores de la casa de enfrente. Un día en que los recuerdos. Pero si mal no recuerdo, esto de los recuerdos ya venía viniendo. Y, sí, los recuerdos están siempre viniendo. Pero hay días en que el pasado está tan presente. Hay días en que el pasado es el presente. Me puse a dibujar un arco-íris en un bloc de dibujo en la mesa de la sala. Pintando despreocupadamente. Pintando o dibujando, pues eran lápices acuarelables, de esos como los que usaba cuando era chico. La cuestión es que mientras iba dibujando el arco-iris, el rojo intenso, el rojo menos intenso, el naranja, el amarillo, los verdes. Miraba los colores y a veces los sentía. A veces sentía los colores, otras veces, solamente pintaba, o dibujaba. En el fondo, una leve elevación de terreno. Pensé por qué no serían montañas. Por qué no las montañas de Mendoza. No sé por qué, pero fue solamente una leve elevación del terreno. Y bien adelante de quien mira, casi viniéndosete encima, un río caudaloso, pasando delante tuyo y debajo del arco-íris.
sexta-feira, 26 de abril de 2013
Siempre está la vida
Espelhamento
Ontem assisti à partilha de trechos autobiográficos de José Hailton Bezerra Lyra, de Kairós-Nós Também Somos Igreja. Naquela pequena sala onde tantas vezes ouvíramos outros retalhos de vida de outros membros do grupo, um quebra-cabeças começava a se montar. Tanto, que perdi a noção do tempo. Creio que isto deva ter acontecido com outras pessoas presentes, também. Ouvia o companheiro partilhando momentos da sua infância, suas lutas por seguir os estudos de filosofia, suas viagens ao Rio de Janeiro e à Espanha. As dificuldades econômicas. A militância social. Não sei se como consequência desta escuta ativa em que me fui vendo refletido, de tarde, quando ia comprar alguma coisa pelas redondezas de onde moro, tive esta sensação: a vida vem chegando. Tudo foi muito rápido. Rememorei a minha própria vida, como em um relâmpago. A vida passou muito rápido. E hoje de manhã, agora, o dia de ontem volta. Voltam todos os dias passados. A infância, a adolescência, os tempos até este instante em que lês estas coisas. Isto é que é a vida, um fugaz espelhamento.
quinta-feira, 25 de abril de 2013
Deja que llegue la vida
segunda-feira, 22 de abril de 2013
Estreitando o mundo
Ao longo deste tempo em que tenho me colocado no mundo sobre tudo como escritor, tenho recebido algumas expressões verdadeiramente valiosíssimas, de diversas pessoas, o que tem sido um estímulo muito grande para prosseguir nesta tarefa tão comunitária quanto solitária. Algumas dessas expressões tem valorizado o que as pessoas encontram nos meus escritos. Quero acreditar –e muitas vezes isto me é dito—que estes escritos e estas pessoas se espelham reciprocamente.
Outras expressões se referem à minha pessoa, a qualidades que dizem ver em mim, e que reputo existam também em quem me as atribui. Dito isto, quero apenas dizer um muito obrigado bem grande. Um muito obrigado que não sei bem como dizer para que chegue verdadeiramente a todos e todas que possam estar lendo isto. Porque uma coisa é muito certa: sem essas leituras, sem essas leitoras e leitores, quem está do lado de cá da folha, não seria quem é, não teria chegado a este ponto tão valioso, de estar cara a cara com o mundo, cara a cara com a vida, sentindo-se parte de uma família imensa, que ultrapassa os limites geográficos do Brasil e da Argentina, chegando a gente de países da Europa.
Não digo isto por me sentir um “autor de sucesso” ou um “escritor de sucesso”, e sim por sentir que neste ritual de alinhar palavras e as soltar ao vento, o mundo vai se estreitando. A estranheza, o estranhamento, vão desaparecendo. Sei que esta caminhada deve muito às pessoas que fui encontrando no meu caminho. Meus pais, minha esposa, minhas avós e os meus avôs, meus tios e tias. Meus irmãos, meus filhos e filhas, meus amigos e amigas, essa grande família com quem compartilho a vida.
segunda-feira, 15 de abril de 2013
Utopía
Hoje pela manhã, enquanto ia caminhando para a praia, tive certeza: não a morte, mas a vida, é da alçada do humano. Isto me deu uma alegria e uma tranquilidade muito grande. O dia foi passando, e, de tarde, lembrei de que hoje tinha uma homenagem a Paulo Freire na TV Câmara. Não consegui ver essa homenagem, mas a mera lembrança de Paulo Freire, me trouxe de novo essa alegria. A certeza de que, como humanos, estamos sempre atrás de uma luz inextinguível. A metáfora é de Herbert Read. Uma outra frase, de Viktor Frankl, me lembrou, agora já no início da noite, que a felicidade não é uma estação de chegada, mas uma forma de viajar. Lembrei de Dom Fragoso, de Comblin, da utopía, do que nos move.
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