quinta-feira, 27 de novembro de 2014

Identidad

Estos días pasados en Cuiabá, en el curso de formación en Terapia Comunitaria Integrativa organizado por la Universidade Federal de Mato Grosso, me trajeron una gran alegría. Me di cuenta de que mi lugar es en el papel, mi lugar es el de un escritor.
Esto me vino en medio de la convivencia con las personas que participaron del curso, en un ambiente de mucha integración. Personas revisitando sus historias de vida, haciéndose más resilientes, recuperando una valorización positiva de sí mismas y de su trayectoria familiar.
A partir del momento en que me di cuenta de cuál es mi lugar, me puse contento. Participé desde una situación de mayor fluidez, de mayor aceptación. Aceptación de mí mismo y de los demás. Me fué más fácil procesar dificultades de convivencia, oriundas de una falta de comprensión de mí mismo, que me forzaban a actuar según padrones ajenos internalizados.
Una vez que llegué a esta comprensión y aceptación, todo fue fluyendo con más facilidad. Me di cuenta de que estaba siendo yo, en medio de los demás. Esto era nuevo. Esto es nuevo. No ocurre siempre, en todos los momentos, pero empieza a hacerse una forma de ser y de estar más frecuente.

terça-feira, 18 de novembro de 2014

Integración



He tratado, por ser algo muy precioso, de recuperar para mí la memoria de lo vivido en Mariápolis, Paraná, Entre Rios, Argentina, en el curso de formación de terapeutas comunitarios, realizado en agosto de 2014. Viene un recuerdo preciso. Una sensación definida. Llegan algunas palabras. Claridad. Confianza. Fluidez. Integración. Prioridades. La evocación trae la totalidad de la experiencia.

quinta-feira, 13 de novembro de 2014

Pintando

Esta tarde, pinté un pequeño cuadro con un sol amarillo en el centro, y fondo azul. Mientras iba juntando los materiales de pintura, sentí alegría. ¿Sería con esa alegría que jugaba con colores cuando era niño? Al ir poniendo el amarillo sobre el papel, recordé tantas otras veces que repetí el mismo gesto, con otros materiales o con esa misma pintura a dedo. Es notable como todo se conserva en la memoria. Esta mañana recordaba colores verde hoja y azul/azul claro. Estos colores me remitían a lugares y situaciones precisas. El verde hoja, a las clases de pintura que tuve con una profesora cuando niño, que nos llevaba al parque San Martín, en Mendoza, y nos hacía observar la variedad de tonos de verde del follaje. El azul y el azul claro, me traen la presencia de una persona muy querida que es como un cielo o un mar.

quarta-feira, 12 de novembro de 2014

Presencia

Hay veces que uno demora un poco para registrar un hecho fundamental. No importa el tiempo que se demore. Importa registrar ese hecho fundamental. Me refiero al hecho de estar vivo. Aparentemente, se trataria de una banalidad. Estar vivo estaría dado. No habría nada que hacer al respecto. No es así, sin embargo. Uno puede estar vivo y no haber registrado este hecho. 

Esta mañana me dí cuenta de que no tengo problemas. Sea lo que sea que me pase, y que yo considere un problema o dificultad, no es tal, frente al hecho de que estoy vivo. Y no es que solamente esté vivo físicamente. Estoy vivo completamente. Física y emocionalmente, como una persona entera. No siempre fue así, en otros períodos de mi vida. 

Hubo tiempos en que mi presencia aquí no era del todo, no estaba yo totalmente presente. Sé que esto nos ocurre muchas veces a los humanos. Por un motivo o por otro, no estamos del todo aquí. Estoy conciente de que he hecho muchos esfuerzos para que se concretizara mi presencia total ahora, aquí. Pero también tengo plena conciencia de que mis esfuerzos personales no habrían tenido éxito, sin el concurso de personas y colectivos a los que estoy vinculado. Mi familia, en primer lugar. 

Estuvieron a mi lado todo el tiempo, en todos los momentos. Los buenos y los malos. Algunos amigos inquebrantables, incondicionales, que han permanecido en medio de todos los cambios. Mis padres, especialmente. Es muy fácil que uno pierda la noción de sí. Presiones externas, violencia, amenazas, chantajes. Muy fácil declararse víctima de las circunstancias, y sin darse cuenta, empezar a ausentarse. Empezar a falsearse. Empezar a ignorar el estar aquí. Empezar a ignorarse a uno mismo. Este año me ocurrió de tener una experiencia crucial. Una formación en Terapia Comunitaria Integrativa en Mariápolis, Paraná, Entre Ríos, Argentina. Allí fue un recomienzo. El registro del regreso. 

Foto: arboleda en Mariápolis (Paraná, Entre Ríos, Argentina)

terça-feira, 11 de novembro de 2014

Resiliencia

Dom Fragoso me dijo una vez: “deja que vengan esas memorias dolorosas. Y que el ángel de la paz te guíe.” Dejé venir esas memorias. En realidad, no hay cómo impedir que vengan. Ellas vienen de todas formas. Sólo que ya va siendo de otra manera. Ahora tiene otro sentido el estar vivo. Y esos recuerdos también van teniendo otro sentido. Uno va dando la vuelta. Y descubre que se hizo fuerte gracias a lo que nos hizo sufrir. Resiliencia.

Dom Fragoso (foto) fue un obispo católico a quien tuve el priviliegio de acompañar durante algunos años. Vivía en un barrio pobre de la periferia de João Pessoa.

Acacias

Esta mañana me dí cuenta de que hay un sinnúmero de cosas que no tiene nada que ver. Ocupan espacio, demandan tiempo y energía. Como que encajándose con esta constatación, fui dispensado de una actividad que me habría generado algún estrés.
Me vi substituído en la tarea de llevar a una persona querida a su lugar de trabajo. Esto me descomprimió. Me vi de repente con tiempo libre a mi disposición. Bajé al garage con tranquilidad, y fui manejando despacito en dirección al consultorio del dentista.
Pero lo que quiero enfatizar aquí, es que al descomprimirme, vi unas flores de acacia que había visto una vez en Manaíra, en frente de una plaza. Vi las flores colgando como farolitos japoneses (o chinos, no sé). Pude dejar pasar peatones que intentaban cruzar la calle, así como otros autos que salían a la red de circulación urbana.
Y llegué al árbol de acacias en flor. Amarillas. Hermosas. Con toda calma, estacioné y bajé. Saqué tres fotos, que ahora vi, en la sala de espera del dentista. ¿Para qué tanto apuro? ¿Para qué tantas cosas? Tanta actividad, tantas ocupaciones. No hay nada de malo ni con la actividad, ni con las ocupaciones, ni con las preocupaciones, ni con nada de lo que constituye el vivir. Pero también está la vida en sí, el mero vivir. Algo tan simple.

segunda-feira, 10 de novembro de 2014

Colores

Hoy me desperté con colores. Rojo. Amarillo. Azul. Verde. Blanco. Negro. Es decir, los colores vinieron en medio de la habitual gira por tantos lugares, que acontece al ir yo llegando al lado de acá, a la punta del iceberg. A medida que el tempo fue yendo, me fui dando cuenta de que soy un mandala concéntrico que se junta y se expande. Antropología cultural. Mosaico. Identidad. 

Lo que yo soy, debe ser parecido a lo que otras personas son. Pero debo ser totalmente diferente de algún tipo de seres que parecen humanos pero no lo son, en absoluto. Con los demás, aquellos en los que el equilibrio entre bien y mal pende siempre hacia el bien, hacia el sol central, vamos tocándonos y juntándonos, chocando y convergiendo, hacia la unidad que engloba todo lo que existe. 

El tiempo unificado que es una infancia permanente. Un tiempo sin ayer y sin mañana. Un tiempo sin memoria, que es memoria, sólo memoria. Memoria. Memoria de eternidad. Entonces sí, entonces supe, entonces sabré ser todo lo que soy. Hombre literario. Múltiple. Caleidoscópico. Total. Unido. Infinito. Inmortal. Memoria primera de un tiempo original. El lugar imaginario donde reside la vida. Poético-literariamente. El Padre José Comblin. Dom Fragoso. Toda mi familia pasada, presente y futura. Mis amigos y colegas de la Terapia Comunitaria Integrativa y de las redes de que participo.