O sonho de todo escritor, mesmo menino, ou, sobre tudo, menino, é o de escrever. Escrever num jornal. Ter seu próprio jornal. Engatinhando ainda nas ferramentas e no layout dste blog, aqui está a minha tentativa.
sábado, 29 de setembro de 2012
Registrando
Ese día realizó lo que se le figuraba, podría llegar a ser, o sería, con certeza, el sueño de todo escritor. Se le ocurrió que debería decir escritoras, también, para que no se le tachase de chauvinista, machista, o cosas peores, muy al gusto de la moda actual. Pero prefirió dejarlo así. Al final, pensó, escritores o escritoras, tal vez ellas las escritoras no tengan los mismos sueños que los escritores, o que este escritor, que es el que escribe este escrito. La cuestión, para volver a lo que quiero decir, es que nuestro personaje supo ese día, que había conseguido realizar lo que le había parecido imposible y al mismo tiempo deseable en su oficio: registrar todo lo ocurrido desde el mismo instante en que se levanto, con la vaga e imprecisa sensación de un sueño tan nítido, pero si era tan nítido por qué no te lo podés acordar ahora. Bueno, y enseguida ver la luz en el cuarto, preparar el café, poniendo el polvo de café en el lugar apropiado, el agua en el recipiente inferior de la cafetera, cerrar todo y ponerlo al fuego en la última hornalla a la derecha y al fondo. Ir a la clínica y alegrarse de que había lugares disponibles para estacionar. Ver a la gente esperando en la sala de espera, gente leyendo revistas o viendo televisión. El médico regordete, no muy expresivo pero sí afable. Es gota. Tá com a gota, le salió la argentino-nordestinada. Pues bien, si es gota, gotita a gota la iremos disolviendo. A base de una cervecita que se tomó con su enamorada mientras comían un delicioso pollo a la parmesana en el restaurant de la Epitácio Pessoa. Y ya volviendo a casa, con la sensación del deber cumplido, anotando todo lo ocurrido. La literatura es eso, es la atención total a todo, ¿te das cuenta?
sexta-feira, 28 de setembro de 2012
Toda esta vida
¿Quién no soñó con poner en una hoja toda su vida? Todos sus días, todas sus noches. Todos los minutos vividos y soñados. Los caminos recorridos. Los lugares y la gente. Aquellas personas inolvidables que te marcaron. Lo que quisieras que no hubiera ocurrido, y en qué lo transformaste y lo seguís transformando. Los colores, los ríos, las montañas. Las mujeres, los niños, los amigos. Las películas. Los libros. Todo lo vivido en una única página. Todo lo que viste, sentiste, oíste, cantaste. Lo que aprendiste desde que abriste los ojos por primera vez, hasta ahora, hasta mañana, hasta después del instante final. Toda tu vida en una página. En esta página. ¿Qué palabra resumiría toda tu vida? Extraordinario. Fascinante. Maravilloso. Hermoso. Bello. Divino. Humano. Toda tu vida en esta hoja.
quarta-feira, 26 de setembro de 2012
Estando
Qué es lo que uno puede encontrar en uno mismo? Prácticamente casi todo lo que necesita. Como ser si estás un poco con esa sensación desagradable de que la vida no tiene sentido, de repente miras para atrás un segundo en tu vida, te acordás de épocas en que era tan penoso despertar y ver que todavia estabas vivo. Eso ya pasó, no está más. Ahora hay el ir y venir de la vida. Algunos dias estás en el paraíso por el mero hecho de que estás vivo o viva, respirando, oyendo, viendo, sintiendo, pensando, pudiendo caminar, orar, apreciar la belleza del mundo alrededor. Otros dias, como de repente hoy, te viene una especie de melancolia. Vaya a saber qué reminiscencias de tiempos odiosos o aburridos. El ser humano no es tanto lo que está en la superficie, sino más bien lo que no se ve. Entonces puede ser que por allí, en algún lugar desconocido de tus profundidades, alguna parte tuya llora. Llora por algo que perdió. O por algo doloroso que le pasó. Vos abrazás a esse niñito que llora y le decís: yo te protejo. O de pronto es alguna cosa por completo inaccesible. No te olvides que eres un cosmos em ti mismo o en ti misma. Albergas todo lo que existe. No puedes controlar todo. Ni debes, si no, serías um robot, insensible. Claro que algo siempre hay que controlar, pues vivimos en sociedad, y no le podemos soltar cualquier cosa a la gente alrededor. Pero fuera eso, estás en tu propio lugar, en tu propio centro interior. Allí nada te afecta. Allí eres el Todo, eres Aquello, como dicen los hindúes. Uno puede, solamente queriendo, respirando y prestando atención a la entrada y salida del aire, aquietarse. Entrás en una armonia muy profunda. Además uno no tiene por que estar siempre sonriente, como si hiciera propaganda de dentífrico. Podés solamente estar, y ya está.
terça-feira, 25 de setembro de 2012
Jugando con palabras
A veces uno no tiene nada que hacer y se pone a poner palabars al renglón, como cuando eras chico y te ponías a jugar con esos contadores de cuentas de colores. E ibas moviendo las cuentitas de aqui para allá, a un lado y al outro lado. Cuentas amarillas y rojas, azules y verdes, anaranjadas. Pasabas horas en este entretenimiento. Ahora te entretienes poniendo letras al renglón. Rela alegre rela lerga. No importa si tienen sentido o no. Lo que importa es que te diviertes haciendo cosas que no tienen otra utilidad que la de darte placer. De pronto pones algunas letras y se arma cada una. Como ser será ares resa. Y la mente va descansando de tanto utilitarismo, de tanta fijación en cosas importantes. Pones outra bez algunas letras, como si fueran dados echados sobre la mesa. A veces aparecen palabras enfermantes, odiosas, y las borras. No quieres saber de cosas así. Osa soa oas. No importa lo que se forma. La tarde va pasando y el juego va terminando.
segunda-feira, 24 de setembro de 2012
Faz sentido
De volta em Lagoa Seca. Outra vez no colégio Marista. Há uma familiariedade ao retornarmoa a alguns lugares onde tivemos muitas alegrias. Alegrias de reencontro de trajetórias vitais. Alegria de recuperação de um sentido maior de vida, que é o que nos da a Terapia Comunitária Integrativa. Faz sentido estar aqui. Faz sentido acompanhar estas atividades de Cuidando do Cuidador. Faz sentido continuar acreditando em um crescimento coletivo, em uma libertação pessoal que se realiza em comunidade, na comunidade, nesta rede da TCI, nas redes da família, nas redes das atividades de cada um, de cada uma, no tecido do cosmos. Hoje, quando vinha de carro para cá, Maria do meu lado, pensava, como faz sentido para alguém como eu, como faz sentido para mim, esta costura. Este estar vindo mais uma vez para estes encontros em que venho acompanhando Maria desde já faz exatamente 11 anos, uns meses a mais é isto. Faz sentido a gente saber que estamos participando de iniciativas que somam pessoas em busca de si mesmas. Profissionais da saúde do município de João Pessoa, neste caso, que vem se formar como multiplicadores em técnicas de recuperação da auto-estima. Da criança ferida para a criança maravilha, para a criança feliz. Cómo as feridas que se teve em criança, deixaram como marcas, uma compulsividade, uma raiva, uma agressividade contra os outros mas, mais ainda, contra si mesmo ou si mesma. Agora o pessoal está iniciando a jornada no auditório, e eu escrevendo estas impressões. No centro do pátio, a estátua da virgem com o menino. O som de um tero-tero na distância. As muriçocas no quarto. Uma sacola com livros e cadernos à esquerda. À direita, uma televisão, remédios contra a tosse, uns celulares. Os corredores lá fora, mais longe, o outro auditório, com o piso xadrez. Mais longe ainda, lá fora já do prédio, os campos de futebol, os jardins, as flores, as árvores. Dizia eu faz sentido estar aqui. Faz mesmo, e não me canso de repetir. È o nosso salário afetivo, como diz o Prof. Adalberto Barreto. Sabe por que faz sentido para mim estar aqui? Porque aqui resgato a minha história, saro das minhas feridas da vida toda. Somos outra vez gente em movimento. Outra vez gente confiando em gente. Outra vez, gente somando com gente, gente fazendo com gente. E fazendo coisas boas. Gente trazendo gente de volta das ruas, da solidão, do abandono, da depressão, da drogadição, da violência, do esquecimento, da dissociação, da indiferença. Gente num útero imenso.
sábado, 22 de setembro de 2012
Un día así, ¿te fijas?
Hacía bastante calor esa tarde. De mañana, habías ido al mercadito y a la framacia, en sentido inverso, o sea: primero a la farmacia, que queda más cerca de casa, y que de acuerdo al flujo de tránsito, de la calle que pasa en frente al edificio donde moramos, hay que tomar para la derecha y cruzar una esquina con semáforo (que aquí en João Pessoa se llama farol), para entonces llegar a la farmacia. Después de comprado el jarabe y los caramelos de jengibre, llegaste al frente del mercadito, que en realidad es un pequeño supermercado, al cual nos hemos acostumbrado de llamar de mercadito. Pero bueno, la cuestión es que había un auto estacionado cerrando el acceso al estacionamiento, lo cual como es bien sabido, es una pésima costumbre. En fin, haciendo honor a la impaciencia que esta tipo de cosas me despiertan, y también a la irritación que el calor y la noche no muy bien dormida (para decir lo menos) me habían provocado, doblé por delante del auto mal estacionado, que cerraba, como ya fue dicho, la entrada al estacionamiento, le pasé raspando, pero con cuidado de no rasparlo de verdad, con la íntima satisfacción-rabia (los sentimientos se mezclan, ¿te fijás?) de estar dándole una lección por mal educado, por mal conductor. No sé si era conductor o conductora, o si eran maleducados o maleducadas (ahora siempre hay que decir ellos y ellas, si no sos chauvinista, machista, y otras cosas tan malas como éstas). La cuestión es que estacioné, tuve que hacer una maniobra para acomodar el auto en la vacante del estacionamiento del mercadito que es un supermercado pequeño, como ya dije. Subir un poco a la derecha, lo cual me hizo visualizar de refilón a las cajeras, a una de ellas que ya conozco, muy sonriente (pero no pasa de esto). Después dejar que el auto bajase un poco, lo cual me dejó a frente del auto del invasor o de la invasora, y tuve que subir un poco para ponerlo en el lugar. Dio tanto trabajo estacionar el auto como contarlo ahora. Después de salir del auto y cerrar la puerta, poner la alarma, como se usa ahora, subí por la rampa de entrada al mercado. A la izquierda, los carritos. Tomé uno, y fui entrando, subiendo por un pequeño desnivel que hay antes de entrar al lugar donde están las mercaderías. Pensé si iria a comprar esto o aquello, y opté por las gaseosas, ya que mañana es un cumpleaños importante en mi familia, y beso se me puso en primer lugar. Después seguí por ese pasillo. Habia un repositor reponiendo mercaderías. Seguí. Le pregunte a una señora si sabía dónde había frasquitos con pimienta. Para qué. Me repitió no sé cuántas veces que la pimienta no venía en frasquitos, y si yo había visto alguna vez pimienta en frasquitos, y que ella había comprado un frasquito y puso la pimienta en el frasquito. Me llevó a un lugar donde había frasquitos, pero eran palilleros, no pimenteros. La deje hablando sola, pues seguía repitiendo que la pimienta no viene en frasquitos. Creo que el di a razón, no tanto por concordar con ella (yo sé que la pimienta viene en frasquitos), como para verme libre de ella, y seguí hacia la carnicería donde compré unos bifes que resultaron durísimos, pero eso no lo supe en ese momento, sino después, al ponerlos en la plancha y comerlos. La tarde sigue pasando de a poco. Menos mal, que si pasara de repente no sé qué haríamos, ¿no te parece? Ya volví de dar una vueltita por la playa. Por la playa no, como diría mi prima Irene, sino por el veredón al lado de la playa. O, para ser más rigurosos aún en la descripción, por el veredón que está al lado de la avenida que bordea la playa. No sé si mejoró o empeoró, pero las lectoras y los lectores deben saber que se trata de la rambla o costanera, dependiendo si usamos el castellano uruguayo o argentino. La cuestión es que volví de esta breve caminata. Vi gente andando por las veredas, como yo. Veredas es un modo de decir. En esta parte de la ciudad, aunque es el barrio más noble de Joao Pessoa, salir a caminar por las veredas es todo un desafío. Las tales veredas raras veces son tales, o sea, espacios adecuados al pasaje de peatones. Pero dejemos estos justos reclamos ciudadanos, que a la municipalidad o a los propietarios o propietarias no les importa. Andan en autos, no por las veredas. Los peatones, esos héroes urbanos, se las tienen que arreglar para gambetear autos estacionados cortándoles el paso, agujeros que lastiman los pies, basura, pedazos de cemento o de mosaicos, de todo un poco. Sí, les decía que esta vueltita me llevó a recorrer unas cuadras. Fui hasta la esquina en dirección a la farmacia de esta mañana, y doblé en dirección hacia el mar, pasando por unos comercios de zapatos que hay en una de las esquinas. Doblé otra vez a la derecha, y vi una señora viniendo con un perrito. Pasé en frente a una posada, y aquí doblé hacia la izquierda, otra vez en dirección al mar. El mar estaba allá. Pero todavía tuve que andar esa cuadra hasta poder verlo de cerca. El mar me aquieta. No sé a vos, pero a mí me tranquiliza totalmente, che. La cuestión es que hice unas elongaciones, pasé el busto de Tamandaré, vi otras personas yendo y viniendo, unos chicos en skate, los policías de tránsito, un auto chocado, el Banco do Brasil, los taxis estacionados, y emprendí el retorno. Una joven bonitinha vino en la dirección contraria mientras me acercaba al banco. Nos miramos, y seguí viaje. Pasé en frente de la panadería, entré a edificio, y aquí estoy, otra vez, como si nada. Y ahora otra vez, ya pasadas tantas cosas. Un filme cansador, aburrido, en la TV. Muchas toses en casa, pues es la época del año en que, en toda la ciudad, esto pasa. Tos, tos, tos. Y ya como queriendo terminar, sin querer terminar, le vamos poniendo un punto final a esta crónica de un día.
sexta-feira, 21 de setembro de 2012
Integración literaria
La literatura trae al mundo más cerca No sé si esto te podrá resultar claro, porque tal vez hayas contraído el hábito de pensar que la literatura, al contrario, es una especie de evasión, de fuga. Cuando yo digo que la literatura tare al mundo más para acá, más cerca, estoy diciendo algo muy preciso. Cuando estoy andando por la calle o viendo televisión o andando por la sala o almorzando, mi experiencia de todo eso, de andar por la calle, ver televisión o andar por la sala o almorzando, no se restringen a esos hechos puntales.
Se integran en un mundo más vasto, más rico, de experiencias y visiones de mundo que se adquieren con la literatura. Ya no tengo solamente mi experiencia personal, mis recuerdos, mis puntos de vista, mis maneras de pensar, sino un acervo mucho mayor, hecho de las impresiones que me han ido dejando los libros que leí, las historias que se han integrado a mi memoria, los cuentos y relatos, en que la vida fue perdiendo mucho de su extrañeza y distanciamiento, fue haciéndose más próxima, más mía.
Cuando veo una escena en la televisión con salones con cuadros y cortinados, candelabros y mesas antiguas, me acuerdo de La Caida de la Casa Usher, de Egar Allan Poe. Borges, Cortázar, Graciliano Ramos, Lya Luft, Martha Medeiros, han ampliado el caudal de percepciones de que se compone mi captación del mundo. Ya no veo sólo lo que está ahí pero tan lejos, tan distante, como antes, después de la infancia, después de la pérdida de la inocencia.
Ahora veo lo que está ahí, escucho el canto de los pájaros y me acuerdo de Fray Luis de León, Vida Retirada. Ando por las veredas del barrio y me acuerdo de tantas otras veredas, ya caminadas, de tantas ciudades, en tantas épocas tan diferentes de mi vida, que me parece que la vida toda se ha ido como que compactando, haciéndose una única narrativa que me contiene por completo.
Foto: Zorrilla de San Martín
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