El día empezó y,
como lo he venido haciendo estos últimos días, evité levantarme de
repente y empezar a hacer cosas, o a creer que tendría que estar
haciendo cosas. Dejé que fuera viniendo un color, una imagen. Fué
el verde, y también el celeste, un color transparente. Blanco. Pero
acabó prevaleciendo el verde. Un verde oscuro, que es como el del
follaje profundo de ciertos árboles como el olmo. A lo largo del
tiempo que fue transcurriendo esta mañana hasta ahora, me he venido
refugiando en el verde. Tranquilidad. Paz. Es notable cómo un color
es un lugar, de hecho. Un lugar de paz. Tranquilidad. No necesito
estar todo el tiempo pensando, ni argumentando, o justificando o
criticando o planificando o analizando. No necesito estar todo el
tiempo trabajando mentalmente. Puedo parar, pero parar
tranquilamente. Un parar tranquilo, natural, no impuesto. Verde es
esto. Es muchas más cosas. Naturaleza. Infancia. Fondo de ríos y
lagos. Plantas, pasto. Verde. Verde claro, verde oscuro. Visualicé
varios cuadros verdes que he pintado a lo largo del tiempo. La tapa
de mi libro Déjalo ser-Diario de un despertar, que es una
vista de la mata virgen de Cabo Branco, João Pessoa, Paraíba,
Brasil. Otros muchos verdes. Tranquilidad. Paz. El libro de Cronin
que compré ayer en una librería de usados de Mendoza, Argentina, y
que se llama Los verdes años. Verde. Tranquilidad. Paz.
Verdes. Gracias por venir.
O sonho de todo escritor, mesmo menino, ou, sobre tudo, menino, é o de escrever. Escrever num jornal. Ter seu próprio jornal. Engatinhando ainda nas ferramentas e no layout dste blog, aqui está a minha tentativa.
sexta-feira, 11 de dezembro de 2015
quinta-feira, 10 de dezembro de 2015
Esta mañana, unas flores de aromo
Esta mañana, unas
flores de aromo. Me acompañaron toda esta mañana. Las ví después
de una ardua batalla en la que me vi envuelto, como habitualmente, al
despertar. Pensamientos imperativos. Obligaciones auto-impuestas.
Tenés que. Tenés que. No, no tengo que. Nada era urgente. Nada es
urgente. Entonces, vi las flores de aromo, como las veo ahora, y las
vi en distintos momentos esta mañana y ya en este comienzo de tarde.
Es la señal de la descontracción. Relajamiento. Paz. La presencia
de Dios. Mi madre. Mis abuelas. Mis muertos queridos, que no están
muertos, están vivos y presentes. Estas flores me han venido de
vuelta en varios momentos, como digo, hoy. A veces es una imagen no
muy clara, pero que se va aclarando. No es necesario empujarme a
nada. Veo estas flores de aromo y esto me calma. Es la forma como
Dios se me muestra. Es la forma como veo a Dios. Colores. Flores.
domingo, 6 de dezembro de 2015
Familia
Pensaba en la
familia. La consanguínea, y la ampliada, aquella por afinidad, que
uno va construyendo a lo largo de la vida. Amigos y amigas. Colegas.
Gente afín. Veía los rostros, uno por uno, y sentía lo que cada
una de estas personas queridas me transmite. Un color, un sonido, un
sentimiento. Una sinfonía de amor y amistad. Me emociona decirlo,
porque durante mucho tiempo, me sentí como una especie de paria, un
desterrado. Sin raíces. Lo contrario de lo que me ocurre hoy. Y
ahora que veo esta red, este tejido, esta costura que se extiende ya
por varios países de América Latina y Europa, puedo decir, con toda
simplicidad, que siento estar o estar llegando a un lugar que quise
siempre. Veo estos rostros queridos que forman como un nido, una casa
inmensa. Cada persona tan singular, cada una tan a su modo, como yo
también, a mi modo o a mis modos. Y todo este tejido inmenso, me
acoge y me anida. Domingo. Estamos juntos, una vez más, y para
siempre.
Foto: Ficus, no pátio do CEFOR de João Pessoa, Paraíba.
Leyendo
Hace un ratito
proseguí, por algunos instantes, la lectura de “O jovem trovador”,
de Cronin. Al leer, me pasó que de pronto me di cuanta de que estaba
leyendo de manera distraída, que es una de mis maneras predilectas
de leer. O sea leo, pero sin prestar demasiada atención a lo que
está pasando, quién es quién, entre los personajes, etc. Mientras
me daba cuenta de esto, también me daba cuenta de que esta forma de
lectura se parece mucho a la vida. No siempre uno entiende lo que
pasa alrededor nuestro, ni lo que las personas son o dicen o hacen.
Es decir, hay varias formas de entender, o varias formas de estar en
el mundo. El caso es que, al proseguir con esta lectura de Cronin, el
autor de quien creo haber leído más libros, me iban viniendo
recuerdos de otros libros suyos que ya leí. De manera que las pocas
páginas que leí hace un ratito, fueron al mismo tiempo un recorrido
por obras ya leídas y disfrutadas hace tiempo. También me alegró
estar haciendo una lectura no mecánica. Es decir, leía, y me daba
cuenta de que Cronin había escrito esas palabras. Él había
construído esa narrativa, en la cual o a la cual yo me estaba
integrando. Así, leer y vivir se parecen mucho. Tengo varios libros
empezados, como creo que le debe pasar a mucha gente que lee. Los
libros empezados son como que compañías que están allí, al
acecho. En cualquier momento, el viaje o los viajes pueden proseguir.
“Los premios,” de Julio Cortázar. “Retrato de uma senhora,”
de Henry James. Y varios libros que he ido comprando en las distintas
idas al centro, en la calle San Juan. Cada libro, leído o no leído,
es una evocación de otros libros y de otros momentos. Toda lectura,
así, es una continuación de lecturas, como la vida, que se va
escribiendo y leyendo a medida que vivimos.
sábado, 5 de dezembro de 2015
Tatuaje
A veces miro las heridas que me marcan
No son tantas ni tan pocas.
Son caminos que dibujan
Mi país de adentro.
De ellas brotan los colores
Que me iluminan y me dicen cosas.
Me admira a esta edad, y no tengo edad,
no haber perdido mis sueños ni el sueño.
Y todavía tener la gracia de este instante.
Poder mirar hacia atrás, alrededor y hacia adentro
Y ver lo que le da sentido al vivir.
Seguir esa luz y saber
Que nada nace de la nada.
quinta-feira, 3 de dezembro de 2015
No me confundan. Yo no soy ladrón
Ayer me ocurrió algo verdaderamente desagradable. Soy escritor y artista plástico, y tuve la idea de que podría encontrar papeles para pintar, en la papelería Entre Ríos, de la ciudad de Mendoza. Con la misma tranquilidad con que acostumbro a entrar en cualquier comercio, lo hice también en esta oportunidad. Sin embrago, en seguida, vino a mi encuentro un joven que supuse ser un vendedor pero que era, en realidad, alguien que debía ocuparse de la seguridad y vigilancia del local, aunque no usaba uniforme ni nada que lo identificase como tal. Este joven, después que le pregunté por el artículo que pretendía comprar, me dijo que yo debería dejar mi morral para entrar al local, a lo cual me negué. El lugar donde me indicó que debería dejar mi morral era una estantería sin ninguna protección. Me indignó ser tratado como un delincuente real o potencial. Di media vuelta y salí, dejando los insultos a la agresión de que fui objeto, para la vereda. Ahora comparto con quienes puedan leer esto, este acontecimiento. Creo que es necesario que las tiendas se protejan de los ladrones, sí. Pero esto no les da derecho a tratarme como si yo fuera uno de ellos. En otros países, esto da lugar a procesos judiciales por agresión moral. De mi parte, solamente pretendo alertar a quienes puedan estar siendo objeto de estos tratos vejatorios, para que también se manfiesten. Es necesario que aprendamos a tratarnos como humanos, los humanos. En cuanto a esta papelería donde tuve la infeliz ocurrencia de entrar ayer, sólo podría volver a hacerlo, si tratase a sus clientes como gente, no como delincuentes. El joven empleado que me trató mal, me dejó confuso. Había gente en el interior del local, con bolsas grandes, que podrían haberle resultado también sospechosas. La mía, pequeña, sin embargo, es la que motivó su actitud hostil. ¿Será que, sin saberlo, parezco ladrón? Ahora me quedó la duda. Y ustedes, ¿alguna vez ya se confundieron o fueron confundidos?
terça-feira, 1 de dezembro de 2015
Presencia
Muchas veces me pasa
que, por no tener nada que hacer, me pongo a escribir. Cuando
escribo, cuando voy viendo las palabras y las frases formándose, me
viene una sensación muy buena. La sensación de estar donde debo
estar, haciendo lo que me cabe hacer. Entonces dejo que vengan las
palabras. Alguna cosa viene llegando. Las flores. La montaña. El
lago, el parque. Todas estas cosas. Los álamos. Las calles de
Mendoza pintadas por los jacarandás. Los gritos de los niños y
niñas de la escuela. El aguaribay. La jarilla. Los ríos que bajan
cantando. Y los amigos y amigas que se van multiplicando. Hoy miraba,
mientras hacía gimnasia, en esta dirección. Gente de varios lugares
de Argentina y Brasil. Me alegré entonces y me alegro ahora. Los
amigos y amigas son como las flores del jacarandá, que en esta
época, pintan de lila el piso y el cielo. La familia es lo amarillo,
el centro de la flor, donde está Dios. Amigos y familia. Dios.
Flores. Vida.
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