sexta-feira, 1 de janeiro de 2016

¡Feliz año nuevo!

El día empieza con el canto de los pájaros en la noche, que se va haciendo día. No sé si la noche se hace día por el canto de los pájaros, o si los pájaros y la noche están juntos y siguen juntos durante el día por motivos que sólo la noche y los pájaros y el día conocen. Lo cierto es que ahora, cuando ya los pájaros y el día asumen el control del día, van viniendo los recuerdos del ayer de ayer. El ayer de ayer a la noche. La noche pasada en familia, recibiendo el año nuevo, renovando los sentimientos que nos unen, presencialmente y en la distancia. Noche en que se hacen presentes los ausentes, las personas queridas que ya están en nosotros de otras formas, pero no más físicamente. Y también nos acompañan recuerdos que nos gustaría no tener y que inevitablemente hacen parte de nuestra historia como persona, familia, generación, país, pueblo. Dom Fragoso me decía que dejara venir las memorias dolorosas, y que el ángel de la paz me guiaría. Me viene guiando, sin duda, abriéndose paso entre la oscuridad que de a poco va mostrando la luz que guarda en sus entrañas. Luces en el cielo, luces adentro nuestro. Luces que nacen de en medio de las tinieblas. El encuentro de anoche me hizo ver cuántas historias me unen a las personas de mi familia. Iba encontrando cada una de las personas, y dejaba que se fueran juntando las memorias pasadas. Entonces el encuentro fué siendo más pleno. No fué mecánico. Pude sentir lo que nos une, después de tanto tiempo. Obviamente, esto incluye a la familia y a los amigos que viven lejos. Hubo tiempos en que me parecía que estas fiestas tenían algo de trivial o superficial. No lo veo más así. No ahora. No en este momento, desde hace ya mucho tiempo. Ahora lo veo más como una especie de resistencia del género humano a la banalización de la vida, y a su mercantilización. Nos reunimos por el afecto, renovamos aquello tan íntimo que nos une, que une al mundo alrededor del amor y por el amor. La amistad es una forma de amor. La esperanza nos anima y nos hace que nos busquemos unos a los otros, más allá de ideologías o nivel socioeconómico, creencias religiosas o lo que nos pudiera separar. Distintas formas de vivir y de ver el mundo confluyen por unos momentos muy cálidos y de alegría. Jugamos. Nos divertimos. Somos gente. Una sabiduría mayor se da cita en estas fiestas. ¡Feliz año nuevo para todo el mundo!

quarta-feira, 30 de dezembro de 2015

Aquí

Veía la hoja en blanco. ¡Tantas posibilidades! Volvía del shopping center. Fin de año y Navidad. Saudades. Viejos tiempos se hacen presentes, y el presente medio como que se hace a un lado. Se llena de resonancias. Personas queridas de nuestra juventud. Personas que no olvidaremos. Los pinitos de Navidad. Las luces adornando los edificios. Todo es una evocación. Mientras estaba en una de las tiendas donde estuvimos esta tarde, veia todo ese movimiento de esta época. Una señora que hablaba por un celular, se me acercó, obligándome a cambiar de lugar, para que no me molestara su voz. Después que hice esto tres veces, y ella una vez más se acercó hablando en alta voz, le dije: “No me interesa su conversación.” Murmuró algo ininteligible. Pagué en la caja, y me quedé esperando a mi esposa, que estaba todavía en la fila. Esta señora que llegó hablando por celular en voz alta, pagó sin dejar de hablar por el aparato, y se fue, sin dejar de hablar en ningún momento. Saludé a dos colegas de la universidad. Ahora todo ese mundo quedó atrás, y estoy en casa. Un calor bárbaro. La playa. La noche. Los preparativos de la cena de fin de año.  

terça-feira, 29 de dezembro de 2015

Juntándote

Tercer día. Externamente: la farmacia, la verdulería, el supermercadito. La casa do sertão. La casa de la dentista que me dio la receta. El almuerzo. A casa de mi cuñada que vive en el Altiplano. El reencuentro con monsieur. Internamente: las sonrisas. Ese lento aterrizaje que se viene procesando desde el domingo, cuando el avión que nos trajo, aterrizó. Uno aterriza más tarde. Uno va aterrizando.  Y entonces las calles de Manaíra, con sus santas-ritas violetas, lilas, moradas. Fúcsia, magenta. Algo adentro se va soltando, va volviendo a su lugar. Algo va ocupando su lugar otra vez, felizmente. Y la vista del mar desde el departamento de este amigo tan querido que viene luchando por tenerse de vuelta. Recordar el libro del Padre Comblin: Vocação para a liberdade. De pronto no había apuro. No había prisa. Sólo estar allí nomás, escuchando. Y aquello tan tenue, intangible, que va uniendo todo. Amarillo. Luz. Le das un nombre: Jesús. Dios. Aquello que no muere. Y ahora ya de vuelta del ajedrez de calles y veredas, rostros y sentires, voces y luces, autos y gente. Cuando ya es casi la hora de dormir, ahora que la noche. Y la lluvia de ayer, y todos los ayeres formando como que una lluvia muy fina que te envuelve y te incluye, te va llevando, trayendo, ya no sabes, y sabes. Los cajús en el patio del edificio. Saber que te fuiste plantando aquí en el nordeste, aquí en João Pessoa, en Paraíba. Brasil. A veces veo como un prado de flores, la suma de los actos solidarios que me fueron conteniendo desde que llegué, en aquél diciembre de 1977. Tanta solidaridad. Gente que ni conocías y te daba trabajo. Ya pasaron tantos años. Pasan y vuelven, los años. Pasan y pasan, se van yendo, y vienen otra vez, pero ya no igual. No del mismo modo. Igual duele recordar ciertas cosas, que no nombro ahora para que no duela. Duele cuando alguien menciona ciertos nombres, o cuando la memoria trae de nuevo los ecos de cosas que pasaron. Pero ya no es igual. El agua los va llevando, también a los dolores. El agua me va irrigando por dentro. Esto lo supe en Coxipó do Ouro, Mato Groso, en el curso de formación de Terapeutas Comunitarios. Luz y sombra. Alegría y tristeza. Son los dos lados del tronco del árbol de la vida. El árbol de mi vida. Esto lo supe también en Paraná, Entre Ríos. Así me vengo juntando, llegando. Llegando hasta llegar del todo. 

domingo, 27 de dezembro de 2015

Volviendo

Esta mañana llegué de vuelta a casa. Esto tiene un significado muy especial. La casa es un lugar de resguardo y seguridad. Esto es lo que uno siente. Volver a ver los cuadros en las paredes, que evocan otros tantos momentos de encuentro con familiares y amigos. Aquella sensación sin igual, de ver los libros en los estantes. Todos los libros. Los colores. El mundo familiar. Los recuerdos. Seres queridos que viven en mi corazón, están todos aquí. No han muerto. Nadie ha muerto. El amor es ese algo que no muere. Entonces ya ahora el camino de vuelta. Los aeropuertos. Largas horas de meditación y oración. Aprendiendo con las propias limitaciones y vulnerabilidades. No soy tan diferente de las demás personas. Y ya esta mañana de domingo, cuando las evocaciones apuntan a lo amarillo, el oro, el templo. Aquello que nos unifica con todo. Entonces las telas pintadas en las paredes. Los jazmines y hortensias. Los soles y álamos. Todos los ríos dan al mar, pero éste nunca se llenará. Las conversaciones con mi padre, en este instante tan sin igual de su/nuestra vida. Y ya entonces ahora unas letras que ya van ocupando sus lugares para decir, como siempre: gracias. Muchas gracias. Gracias por todo.

terça-feira, 22 de dezembro de 2015

Escribiendo

Hay unos días en los que uno se levanta así de pronto, como quien no quiere la cosa. No por algún propósito o finalidad determinados, sino más bien porque sí. Porque ya no tenés más sueño, y ya los pájaros y la claridad del día. Obviamente, siempre hay algo que hacer, no te vayas a creer. Algunas tareas domésticas, de esas que uno ya se ha habituado tanto a hacer, que es casi como que te faltara algo si no las realizas. Y ahora ya sí, el matecito al lado, las letras apareciendo en el blanco de la hoja. Todo se va ajustando. Todo va ocupando su lugar. Es notable la memoria. Mientras voy escribiendo, así como quien simplemente deja que vayan llegando las cosas y se pongan en la hoja, soy yo el que se va poniendo en la hoja. Escribir me va escribiendo. Me escribo al escribir. Toda tarea humana tiene este reverso, me parece, no sé qué pensarás vos, che pibe o piba. Pero me parece que no hay alguna que se asemeje a esto del escribir. Uno va haciéndose mientras escribe. Uno va haciéndose, y esto es literal, fuera de broma. Te vas construyendo, no sé si esto ya te ha pasado, pero si no, probá, que es muy lindo. Te vas trayendo de vuelta. Te vas teniendo de nuevo, y esto es ya algo que vale mucho la pena. Uno se va transformando en una versión “aceptable” de sí mismo a fuerza de tanto existir en sociedad. Te vas alienando, te llegás a transformar en otra persona, alguien que cumple papeles, para ser aceptado, para ser admitido en la sociedad. Pero también esto puede ser divertido, y es muy divertido, ¿sabés? Yo creo que empecé a tenerme de vuelta al escribirme, en varias oportunidades. 1984, 2001, pero también antes, en el medio, y después. Muchas veces. Incontables. Es como que ahora ya se ha creado una especie de hábito. Y no es que solamente me encuentre a mí al escribir. Es que me encuentro tal como soy. Me encuentro la persona que soy. Y al mismo tiempo que me encuentro, encuentro también el mundo que he ido haciendo. Es como si me fuera viendo, me fuera teniendo de vuelta, cada vez que dejo que algo llegue a la hoja. El mundo es más mío, el mundo es mío aquí. Aquí ya no los diarios ni la TV, aquí no la propaganda ni las imposiciones de las costumbres ni las doctrinas o ideologías. Aquí este mundo que hago todo los días, que he venido construyendo como un hornero incesante, con la ayuda de personas muy valiosas, del círculo familiar y de las amistades. Estas personas me han ido mostrando que lo que yo estaba haciendo y estoy haciendo, es algo muy valioso. Es una tarea vital, en realidad. Así, entonces, cuando vivo mi mundo y mi vida, estoy con todos estos seres tan queridos de mi familia, mis amigos y amigas. Esto es algo concreto, no es un mero agradecimiento para agradar. Si lo fuera, esto todo sería una mentira, y no lo es. Por Dios que no lo es, che. Me he ido encontrando en la palabra, me voy descubriendo palabra que escribe y lee, en comunidad, en comunión. No dejaría la hoja por nada, y en algún sentido, siento que nunca dejo la hoja, pues la hoja es donde piso, es lo que respiro, es lo que me contiene, lo que me da vida, me alimenta, me sostiene, me lleva de un lado a otro, le da sentido a mi existir. Así que si ahora ya dejo de escribir este texto, es para irme al contexto que lo contiene y del cual viene, es decir, no dejo el texto, el texto me absorbe y me lleva, así de simple.  

sábado, 19 de dezembro de 2015

Compañías

Hay algunos cuadros que me acompañan, sin que ya hayan llegado a estar pintados en una tela. Algunos sí lo han estado. Han sido cuadros pintados en telas. Otros todavía no, o no del todo. Son cuadros que vienen llegando. Como unos jazmines del cielo, que siento que están en la sala de mi departamento en João Pessoa. O unas hortensias que también siento que llegan allí o están allí. Las hortensias ya han ido llegando, y en algún sentido, ya llegaron. Y siguen allí. También hay un cuadro rojo amarillo, que ya ha llegado en algunas versiones pintadas. Otras están llegando. Unas y otras son compañías. Muy agradables. Son sensaciones, sentimientos. A veces en la oración estos sentimientos también vienen. O ya están allí. La realidad de estos mundos es sorprendente. Anoche andaba por el centro de Mendoza. La peatonal. La legislatura. La plaza Independencia con sus árboles inmensos, extendiéndose como ríos en el cielo. Como plantados en el aire. Y al cruzar la calle en dirección al centro, una sensación de que todo esto siempre había sido de este mismo modo, y seguía siendo de ese mismo modo. Como si no hubiera pasado nada. Ni el tiempo ni nada. Me sentí emocionado, positivamente. La gente andando para arriba y para abajo. Toda la vida de la noche. Y ahora ya este sábado. Esta tarde de sábado en la que todavía la siesta. Y los gorriones y los malvones allá afuera y aquí dentro, en mí. Toda esta vida tan tenue y tan bella. Quieta, inmóvil. Siempre estuvo y siempre estará allí, aquí, por todas partes.

terça-feira, 15 de dezembro de 2015

Esta mañana, amarillo limón

La flor del zapallo. El limón. Abuelas. Familia. Amigos. Dios. Cuando vi este color, me tranquilicé y me alegré. Vi un cuadro amarillo, color amarillo limón. Amarillo oro también. Tranquilidad, paz. Alegría. Unión. Integración. Solución. Fluir. Claridad. Un libro que vengo construyendo, sin plazo y sin prisa. Ayer en algunos momentos me di cuenta de que vengo llegando. A veces ya estoy aquí. Otras, casi aquí. Llegando. En algún momento estaré del todo. En algunos momentos, estoy del todo. Soy el que era antes de la dictadura. Antes de saber que había sido expulsado de la Universidad Nacional de Cuyo por subversivo. Antes que el miedo. Cuando estos recuerdos vienen, lloro. Pero sé qué ya pasó. Ojalá el dolor un día se vaya también. No sé si esto ocurrirá, pero a veces parece que todo eso nunca ocurrió.