segunda-feira, 5 de junho de 2017

Permanencia

Escribir un libro es un proceso verdaderamente enriquecedor y sorprendente. Hacerlo a partir de las vivencias cotidianas, es una forma de uno tenerse de vuelta. Uno sale de la sensación de que la vida podría llegar a ser algo repetido. La crónica diaria es un registro de aquello que de nuevo nos llega a cada instante. Ahora por ejemplo, escribiría sobre el fin de semana en la casa de campo. Las rosas. Los yuyos con sus flores tan coloridas. Los familiares que nos visitaron, compartiendo su tiempo con nosotros. Las playas. Los atardeceres. La lluvia. El procesamiento de la vida, que nos lleva de un lugar a otro, y todo va cambiando y permanece sin embargo igual o casi igual. Uno se va internando en la eternidad, a fuerza de tanto vivir atentos al detalle del instante. El verde que nos rodea en el campo. El cemento que nos rodea en la ciudad. Entre dos mundos. El tiempo ha ido pasando, como si nada, y uno de pronto se ve ya en el crepúsculo. El oro del sol poniente que nos acompaña y nos abriga. No son metáforas. Es una realidad más real que la que nos quieren vender por medio de la prensa. De repente te ves de nuevo en el tiempo primero, la niñez. Las macetas en el patio. Los barquitos en la acequia. Un tiempo sin tiempo.  

terça-feira, 30 de maio de 2017

Presencia

¡Un instante es tanto tiempo! Si estoy presente, estoy sumergido por completo en mi propia historia. Todos los momentos que viví están reunidos aquí. Es algo muy intenso. Esto lo sentí este fin de semana, en un encuentro en familia, en la casa de campo. Estábamos todos alrededor de la mesa. Escuchaba las palabras de cada uno, en esa especie de ajedrez sabroso que son las conversaciones cruzadas. Se forma como una especie de rompecabezas, un mosaico. En un cierto momento, me encontré hablando sobre una de las tesis principales de mi libro Libertatura*: no apenas usar las palabras como medio o instrumento. En la palabra, al dialogar, ser capaces de recibir por completo a quien está hablando, y yo también estar presente totalmente. Esto me parece importante para que la palabra sea de hecho un medio de integración. Una forma de estar en contacto íntimo unos con los otros. Solamente puedo ejercitar esta forma de ser palabra, cuando estoy en paz conmigo mismo. Cuando me acepto como soy, aún con aquellos aspectos de mí mismo que me disgustan, y que creo que debería cambiar. Si no me acepto, si estoy frustrado conmigo mismo, mi estar en el mundo es un choque constante. Nada me viene bien, nadie me parece ser como debería ser. Pero cuando estoy totalmente presente en este instante, en esta preciosísima fracción de tiempo en que estoy aquí, todo adquiere una intensidad muy grande. Todo se vuelve mágico.


*Publicado en Amazon Books.

terça-feira, 11 de abril de 2017

Llueve

Llueve adentro y afuera. Hay gente que le escapa a la tristeza como si fuera una especie de enfermedad. Ahora escucho el agua que cae, y recuerdo aquella canción de Los Iracundos: “bajo un monte lleno de dinero y ambiciones, debe haber ese algo que no muere.” Hace un ratito nomás, el cielo estaba azul claro, y unas nubes. Ahora es la lluvia que cae, viene a lavar el mundo, la ciudad. Un pajarito canta en medio de la lluvia. Mis colores y mis libros me rodean, esperan su momento de venir a mezclarse con mi vida. Más temprano, aquellos recuerdos tan queridos: mi abuela Mamina que gustaba de la lluvia y de los jazmines del cielo. Yo mismo levantándome para ir al Liceo Agrícola. Y las huelgas y la represión. Parece que nada cambia, o cambia muy poco. Y sin embargo algo cambia. Uno va mezclándose de a poco y de a mucho, con todo lo que nos rodea. Soy una parte de las páginas de los libros que voy leyendo y escribiendo. Y soy un color que cayó del cielo. ¿Seguirá habiendo guerras y violencia, siempre? Cuando yo era joven, soñaba, como mucha gente, con un mundo donde no hubiera hambre, violencia ni dominación. ¿Será posible ese mundo? ¿Llegaremos un día a ese lugar de paz y justicia? Llueve, esto es lo que sé. Llueve, no deja de llover. 

quinta-feira, 30 de março de 2017

Literariamente

Hoje terminei de ler Memórias póstumas de Brás Cubas, de Machado de Assis. Como é bom quando um bom livro nos pega, nos leva, nos atrapa a um ponto em que podemos esquecer qualquer aperreio ou desgosto! Isto aconteceu, ao longo do tempo em que este belíssimo livro esteve nas minhas mãos. Nunca deixarei de agradecer aos meus pais, por terem nos introduzido neste hábito tão salutar, da leitura. Não necessitamos estar o tempo todo para fora, podemos nos voltar para nós mesmos. Desfrutar, apreciar com deleite, as boas obras de arte, sejam elas escritas em prosa ou poesia, ou, ainda pintadas e/ou desenhadas. É uma possibilidade que se nos oferece também no chamado mundo externo. Contemplar a beleza das flores, dos céus ou do mar, do que quer que nos chame a atenção pelos seus atrativos! Isto nos sara, nos humaniza, nos faz bem! Certamente que uma leitura evoca outra, um poema evoca também outro, um quadro nos leva a um outro quadro, e assim até o infinito. Assim, temos ao nosso alcance, como uma dádiva, um dom, a possibilidade de mergulharmos na beleza, em qualquer lugar onde possamos nos encontrar.

quarta-feira, 15 de março de 2017

Construyendo

Escribiría algo que dijera lo que necesito saber. De tanto escribir, me he ido haciendo y haciendo el mundo en que vivo. El aire que respiro y el suelo que me sostiene. El pasado que es casi todo lo que hay, y esa tenue ranura que es el ahora, que pasa rapidamente y ya es pasado también. ¿Pasan los días o soy yo el que pasa? Tengo la impresión de que todo pasa y queda al mismo tiempo, en una continua integración de instantes que nos va integrando en lo eterno.

segunda-feira, 23 de janeiro de 2017

Continuidad


Empieza el día. Empieza la semana. Empieza otra vez esa larga jornada de seguir intentando encontrar el hilo de la vida. Ya han pasado muchos años, y parece ahora que otra vez soy aquél mismo niño de la calle Leonidas Aguirre, que jugaba. Siento esas mismas sensaciones. Ahora el pájaro canta, y me doy cuenta de que estoy en otro lugar. Mis hijos e hijas han crecido, ahora son ellos y ellas quienes se vienen haciendo un lugar en el mundo, mientras yo me voy adentrando en el crepúsculo. Tiempo de juntar los tiempos. Leo y escribo. Pinto. Me preparo para habitar en un lugar sin historia. Una casa nueva que ya está casi lista. Allí estarán todos mis recuerdos. Allí seguiré escribiendo esta historia que empezó con mis ancestrales que vinieron de España y de Italia y de Nuestra América. Sabré entonces que no hay tiempo que perder. El tiempo es todo lo que uno tiene. Y cada minuto, cada instante, es precioso. Son reuniones de palabras que se van juntando dentro de uno. Formando la escritura continua de la vida. ¡Buen día!

segunda-feira, 9 de janeiro de 2017

Conversando

A partir do momento em que comecei a escrever e a colaborar em meios digitais, lá pelo ano de 2001, comecei a perceber o enorme efeito terapêutico deste ato tão simples e tão significativo, o ato de se comunicar, o ato de partilhar o que vamos vendo e percebendo. As lições que pude ir aprendendo nesta empreitada, continuam a se mostrar, e continuo achando que seja uma tarefa proveitosa, a de seguir partilhando neste cara a cara às vezes distante, às vezes presencial com as leitoras e leitores, o que vou aprendendo. De longe, o efeito mais benéfico deste ato de escrever e partilhar, é o de ir trazendo para minha própria consciência, a vida tal como a experimento. Não a vida pensada, mas a vida vivida. O exercício de escrever e partilhar, traz como consequência a emergência de um viver mais autêntico e verdadeiro, o retorno de um estado infantil e puro de existir. Isto é muito prazeroso, porque embora os anos tenham passado, é como se estivéssemos indo na contramão da cronologia, cada vez mais jovens por dentro. Posso dizer com toda franqueza, que esta atividade que estou praticando de maneira continuada desde o ano de 2001, foi me trazendo frutos tão agradáveis, que a minha própria vida foi chegando a um estado de integração em que me encontro hoje. É como se o mundo em que vivo, meu dia a dia, tivesse sido moldado com as minhas próprias mãos. Cada vez vivo mais no meu próprio mundo, um mundo que tem a minha cara. Mas isto somente é possível porque tenho praticado o diálogo com um sem número de pessoas com as quais pude ir conversando sobre o que escrevo. Se hoje vivo em um mundo mais humanizado, é porque fui me tornando mais permeável ao que os demais pensam e sentem acerca do que escrevo. Desta forma, esta atividade que é muito solitária em alguns sentidos, foi se tornando cada vez mais social, cada vez mais coletiva, mais comunitária. Sinto que o mundo em que vivo hoje é mais integrado, ou eu me integrei mais no mundo. Isto é muito bom porque é como se progressivamente estivesse chegando ou às vezes estivesse habitando plenamente em uma realidade que as palavras dificilmente conseguem descrever, e sobre a qual posso dizer apenas que é como se fosse a terra prometida. Lembro então muitas vezes das palavras do padre José Comblin, com quem tive o privilégio de conviver por um tempo: “a terra prometida estava no seu próprio coração.” As últimas palavras que escutei dele, dirigidas a mim, foram estas: “seja fecundo na sua literatura”. Sinto como se o tempo ao meu redor tivesse se compactado. Nada disto teria sido possível em solidão. É fruto do crescimento que o diálogo possibilita. O diálogo nos humaniza, nos faz gente.